LOBUENOYBREVE. Marta Anglada

Marta Anglada, 24 años, licenciatura en Ciencias Químicas y estudios de fotografía documental en la escuela Blankpaper (Madrid)

Marta Anglada (Madrid, 1989) tiene amigos de todos los rincones. La interrogan a kilometros de distancia. Y cómo estás, Marta, qué tal por allá, que te echamos de menos. Sus álbumes de foto son para viajar, surcar mares y desear estar en su pellejo -desde la Patagonia hasta el Norte de Argentina o Perú-. Lo suyo es retratar momentos y texturas como si fueran auténticos fotogramas de películas muy bien hechas. Ha publicado en  National Geographic y en Gea PhotoworldMarta tiene 24 años, pero ha recorrido media Latinoamérica. En su periplo por el "nuevo continente" le ha dado tiempo a editar un libro, a conocer a su inseparable amiga de guerras (y proyectos) Espita Escudero y a enamorarse y desenamorarse. También a explotar esa Marta artística, lejos de la tabla periódica y las fórmulas químicas extrañas. 

La química fotógrafa. Ella sabe que puede parecer un poco raro "ver una chica de números enamoradísima de la fotografía documental". Pero a pocos meses de terminar la licenciatura en Ciencias Químicas -el próximo junio- no se arrepiente. "En su momento la elegí como podría haber elegido otra cosa, incluso me planteé estudiar Medicina, pero al final opté por Química, pero nunca abandoné mi gusto por retratar que, en realidad, es un hobby/refugio que me encanta...". Es la viva demostración de que las artes y las ciencias pueden compaginarse si uno quiere. Luego, deja de respirar unos minutos y se echa a reír. Prepárense. "He de decir que si no siguen subiendo las tasas y no me ahogan en esta jodida crisis en España, el año que viene empezaré a estudiar historia por la UNED". Hiperactividad mental en etapa avanzada. Marta no puede, ni quiere, dejar de estudiar. 

Su año sabático. A lo muy americano. Después de terminar el bachillerato y antes de entrar en la Universidad, se tomó un paréntesis vital y se fue a hacer las Américas. Ahí es donde comenzó todo. O, bueno, en realidad solo el principio de una historia que -sin ella saberlo- la traería muchas más veces por esos lugares. "Ese año cambió mi vida, mi forma de ser, de pensar. Tenía que volver a ir". Cuando Marta habla, el resto del mundo se pone en "mute". Los demás se apagan. Es capaz de ensimismar a la audiencia con la velocidad contagiosa de sus palabras y el espíritu vivo de una niña de 15 años. 

Ecuador. Hace tres años viajó a Ecuador gracias a una beca del festival de fotoperiodismo de Albarracin. Con esa beca tenía que crear un proyecto de foto, así que gastó el dinero en un viaje a Ecuador (donde ya había estado dos años atrás) con la idea en mente de hacer un trabajo fotográfico de chicas adolescentes embarazadas. Pero lamentablemente, una vez allí, no le dieron los permisos. Sin embargo, ese viaje fue el viaje. Marta rememora como conoció a un chico americano mientras ella estaba editando unas fotografías y tomando una cerveza en una terraza en La Mariscal (Quito, Peru).  Zach, el americano, estaba de ruta, en plan mochilero, recorriendo el continente con una furgoneta. Se conocieron. (Hasta aquí todo muy de película). Ella se sumó a la ruta: con él y con sus amigos. Se enamoraron. Y eso sirvió de inspiración para el libro que, ahora, recién editado busca lugares de distribución. De momento, se está empezando a mover por ferias y muestras como la Feria Internacional del libro de autor de Buenos Aires

Moments at the red umbrella. Es el título del libro que combina las fotografías de Marta junto con los escritos de Zach en los que va relatando la experiencia sudamericana. Un rompecabezas poético de fotos de viaje -a lo road trip maravilloso- con versos en inglés (escritos por Zach) que hablan de la vida, del paso del tiempo y, como no, del amor. "Esto es un segundo capítulo mucho más personal e íntimo en mi corta trayectoria como fotógrafa", cuenta Marta, que hasta el momento tenía un proyecto ("A medias") con algunos compañeros sobre la post-adolescencia. Para ver un poco la línea que sigue el libro, aquí tenéis una pequeña avanzadilla del blog que creó Marta mientras vivía con Zach en Buenos Aires. O el blog de Zach, The Gypsy Train, si lo que necesitáis son ganas irrefrenables de viajar. 

De cómo conoció a Espita Escudero (su business angel en forma de amiga). Están las dos en un bar. Llevan vestido. Su pelo en trenza. Se miran, ríen. Se conocieron hace un año en Córdoba (Argentina), pero parece que sean hermanas. Marta estudiaba a raíz de un convenio bilateral en su universidad de Madrid. Espe (Barcelona, 1979) estaba haciendo un postgrado en Gestión Cultural en la Universidad Nacional de Córdoba. Aunque, previamente, estudió diseño en la Escola Massana e hizo un postgrado en gestión de publicaciones editoriales (BAU). También trabajó para las editoriales Mao Mao y Loft Publications en Barcelona. Las dos recuerdan como se conocieron en un asado argentino en la que sería la futura casa de Marta. A partir de ahí, intercambian ilusiones y esas ganas por mover el mundo. Marta le cuenta a Espe la historia del libro que quiere editar con las experiencias de su viaje con su entonces ya ex-novio. Y Espe se entusiasma. "Me gusta más el ámbito cultural, pero también la gente talentosa como Marta. Gente que cree en su idea y quiere la realizar en formato editorial para olerla, tocarla, mostrarla". 

La revolución de las Espes y las Martas. "Si se juntasen más Espes y más Martas, ¡la revolución estaría hecha!". Con esa energía que las ha enganchado, ya no quieren perder el contacto. Ambas tienen dos cosas muy claras: muchas ganas de moverse y auténtica pasión por el continente sudamericano. Ahora, están en vías de crear Colectivo Esparta, una plataforma de difusión cultural "para quejarse, educar y plasmar las desventajas y las brechas cada vez mayores en nuestras sociedades a partir del arte". Con una convicción que abruma, pasan de hablar de la fiesta del sábado noche al taller de fotografía que quieren organizar en unos suburbios (villas) de Argentina o del proyecto Posta Postales, para dar luz a creadores emergentes de la ciudad de Córdoba con fotografías de su propia ciudad. Aunque ahora están cada una en una ciudad, Barcelona y Madrid, se siguen comunicando vía Skype o Whatsapp. No se han perdido la pista y esperan encontrarse pronto para seguir con sus proyectos... incluso, a distancia. 

Espe se va de España. Cuando le preguntas por Latinoamérica a las dos se le iluminan las caras. Espe llegó ahí "con la crisis en los talones" -como ella dice- hace ya algunos años. "Trabajaba como freelance y con los recortes en plantilla y el sueldo bajo mínimos decidí irme 4 meses de mochila". Flechazo ipso facto. Ahora está en Barcelona, pero pronto se volverá a ir. El panorama desalentador de aquí ayuda. Espe lo tiene claro: "hay futuro en Latinoamérica. Es un cambio de chip, para mi fue un shock en muchos aspectos, pero se pueden conseguir tantas cosas con tan poco... son unos países con un estado de crisis latente, pero con una emocionalidad a flor de piel", relata. 

Marta se queda. Aunque no sabe hasta cuándo. Suspira y rebufa. "Uf... podría estar horas hablando de Latinoamérica". Para ella es energía, fuerza, mucha historia. "Sin duda es el futuro en muchísimos sentidos. Muchos de sus gobiernos han decidido no tirar por las políticas Merkelianas y, pese a que muchos de nuestros medios de comunicación hablen de populismos y dictaduras, lo cierto es que América Latina está creciendo continuamente...". Marta está enganchada. A sus paisajes, a sus gentes, a la cultura histórica, a su identidad. A juzgar por sus palabras, sospechamos que no tardará en volver a pisarla. "Es como que necesito verla de poco en poco". 

Consejo (sobre)saliente: "no dejes de moverte, viaja, nútrete de otras miras y otras perspectivas y, sobre todo, haz cosas, cosas y cosas, todo el rato".

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Miguel Saburido 2.0


A nivel corporativo, y así dicho de forma rápida el ‘ser fan de Vanity Teen’ lo peta. Son más de 38.000 personas que han dado al botón de ‘me gusta’. A nivel de uso personal ya es otro tema. ¿Y tú, Miguel, usas mucho Facebook? Y como quien se defiende de algo malo e infeccioso contesta “poco, muy muy poco”. Es que Facebook ya no es lo que era, pero a nivel profesional funciona. Como mínimo es más divertido que el Google Docs. Miguel aprovecha el invento de Zuckerberg para hablar con el editor de la revista o con editores de otras revistas. Por aquello de tener a la competencia bien controlada. No, es broma, que se ve que en el sector hay buen ambiente. A modo de agudeza decir que Miguel es de los que innova y piensa en el diseño hasta en la foto de perfil. Nada de la foto clásica donde uno sale ocho veces más guapo de lo habitual. Lo suyo es poner colores pantone a modo de ‘profile picture’. A lo de preguntar si se pone el rojo cuando está enfadado no hemos querido entrar en detalles. Y el último me gusta de Miguel fue para un amigo murciano, la típica foto de un proyecto que te parece resultona, das al me gusta, para dar un abrazo virtual desde Pontevedra hasta Murcia a modo de ‘felicidades amigo, buen trabajo’. Y esas cosas que facilita Facebook.

Nos han dado ganas de abrazarle. Miguel cuenta con cara de novato que se hizo cuenta personal hace un mes y medio. Como cuando llega un niño nuevo al colegio ‘qué mono, no sabe nada’. Pues eso. Él se define como “observador pasivo”, vamos el cotilla de toda la vida que sigue multitud de gente pero no dice nada, y a mucha honra que así uno aprende como funciona el mundo. Pero su inocencia tiene truco, porque la cuenta oficial de Vanity Teen la lleva él y ahí hay más de 1.000 tuits y más de 1.000 seguidores, que eso es muy, pero que muy respetable. Pero reconoce que está aprendiendo, porque las redes sociales necesitan su tiempo. Y él suspira, “me falta tiempo para todo”. Porque recuerden, llevar una cuenta no son los minutos que dedicas a tuitear. Hay más, mucho más.

Se hace el silencio. Como de pensar que decir, si soltar la teoría sobre esa app o decir simplemente, no, pues es que yo no tengo. Pero se explica. Qué Instagram le parece brutal, sobre todo los inicios como empresa chiquita con sus pocos empleados y su buena idea de partida. Que luego ya vino lo de la compra millonaria, lo de los tropecientos mil usuarios cada día poniendo filtros. Y bueno. Que él no la usa, porque básicamente no hace fotos con el móvil, y ya está.  

Tiene un google reader de esos a punto de estallar de tanto blog que seguir, magazines y tumblrs interesantes. Es lo que tiene morirse por el diseño y cualquier foto bonita. Uno ha de tenerlo todo bien clasificado. En tumblr tiene su propio paraíso en: Riot, Hato Press y Magazine Wall (tenéis el boli a mano ¿no?). Pero más allá del diseño también le pirran todos los temas de nuevas tecnologías y aparatejos innovadores. Por lo que se pasea por sitios como Co-Design. Y luego están todo de sitios bellos que si estás mucho rato mirando duele la retina: sobre identidad corporativa, Brandemia; ManyStuff como burullo de cosas artísticas; sobre el hermoso mundo de la tipografía, Unos Tipos Duros; sobre diseño en la prensa (¡existe!), Quintatinta. Y podríamos estar hasta mañana con su listado de sitios molones, pero es que a él también le pasa, va saltando de un sitio a otro y nunca sabe dónde acaba ni porqué. Se defiende diciendo que a veces sólo hace “barridos por páginas de diseño”, y aquí apunten estudios: Cosas Visuales, Hey y Folch Studio (por si quieren poner su vida en filtro bonito). Confiesa que él hizo su tentativa en el mundo tumblr, pero que lo suyo es el papel. Para él la red es pura fuente de inspiración, pero sus armas los folios. No hay más.

Es de los que le altera la música. Y eso divide al ser humano en dos tipos: esa especie de homínidos que saben trabajar mientras suena la música a todo trapo y siguen el compás de beyoncé con el pie, y esa otra porción de la población que empieza escuchando música, se agobia, baja el volumen, se agobia más, hasta que a los cinco minutos no hay sonido. Miguel es opción B. Pero eso sí, en los ratos libres se dedica un poco a U2 y Friendly Fires. Su canción "Kiss of Life", de esas que se te quedan agarradas a las neuronas y estas todo el día dale que dale. “Me gusta muchísimo, llegué a crear un spot mental y todo, te hace estar muy contento”. Música y contento, bien.


Prensa digital, se para y piensa. “Desde El Mundo, ABC... estoy siendo bastante de derechas, veo” Y ríe. No sé, nosotras no hemos respirado. "Un momento, que también leo eldiario.es. Me parece brutal en cuanto a la línea editorial y como alternativa al modelo a los diarios tradicionales". Cuando se trata de algún suceso especial entonces dice que compra prensa escrita. Porque según Miguel como que no se vive tanto en pantalla, “en el papel te metes más”. Pero claro, es que lo suyo es ir al quiosco y arrasar con las revistas. Pero no el quiosco del barrio, o sí, pero entonces tendrá que tener las revistas Apartamento y Metal. A él lo que le gusta es toquetearlas, mirar el grosor del papel, la encuadernación, el brillo de las fotos. ¿Qué respuesta esperabais del que con 8 años dibujaba revistas en sus cuadernos?

El niño que medía el grosor de las páginas

Miguel Saburido, 19 años; autodidacta. Fundador y diseñador gráfico de la revista Vanity Teen

Consejo (sobre)saliente: "Hoy en día si quieres sobrevivir hay que destacar. Quizás es muy simple, pero creo que lo más importante es la diferenciación. Y trabajo. Mucho trabajo" 

Tiene ojos de niño (niño bueno). ¿Y qué queréis? Tiene 19 años y un hablar quebradizo como de siempre querer explicar más sin dejar nada en el tintero. Su acento gallego de Pontevedra, por toda la fortuna del mundo, aún lo conserva. Así que con eso y una Moleskine y su boli fetiche marca Stabilo de caucho color naranja ha venido hasta aquí: a Barcelona. A trabajar para la revista Vanity Teen que, desde los ingenuos 16 años, lleva editando desde su casa en Galicia. "El proyecto ha crecido y ahora estoy aquí para dedicarme a esto más en serio". ¿Pero qué es tomarse el diseño más en serio sino lo que lleva haciendo toda su vida? 

Autodidacta puro y solo con la ESO acabada. No tiene estudios superiores en diseño ni en grafismo ni en nada relacionado. Pero Miguel Saburido, con 14 años, ya creó su primera revista. Bienvenú se llamaba. ¿Siempre has sido así de prematuro? "Siempre. En mi casa mi padre traía la revista Neo2 cuando yo era pequeño, que en aquel momento ya era una cosa muy rara, y yo flipaba literalmente con las imágenes, el grosor de las páginas, el color, el brillo, yo me daba cuenta de que aquello no era una revista normal", explica. Habla de las revistas como si fueran seres humanos. Lo suyo se llama vocación. Son muchas horas de trabajo en solitario. De dolor lumbar encima de una silla después de pasar horas frente a una pantalla del ordenador. De ordenadores normales, porque tampoco hace falta tener un Mac para diseñar. De horas y horas embobado ante la exquisitez (editorial) de revistas como Jotdown, Metal o Apartamento. De cómo le gusta el olor de las páginas y lo bien que saben algunas fotos. Es él, Miguel. El niño que con 8 años medía el grosor de los folios. Y que ahora se ha hecho mayor. 

Cuando tenía 16 años, un amigo de un amigo, desde Barcelona, le cuenta que alguien se ha interesado en él para un nuevo proyecto. Podéis echar un ojo a su portfolio para entender en imágenes el flechazo de ese amigo con Miguel. Él no se lo piensa, aunque para entonces andaba metido en Bienvenú (su invento), decide dejarlo para dedicarse a Vanity Teen a distancia. Y se encarga de todo lo que supone arrancar de 0 con un proyecto editorial: crear logo, diseño e imagen corporativa. "Al principio le echaba muchas horas, pero no tantas, al final sí se me fue de las manos y cada vez le echaba más y más y más...". Hablando claro: cada vez le interesaba menos la tabla periódica de la Química de 4º de la ESO. Él se levantaba y se acostaba pensando en Barcelona y Vanity Teen.

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LOBUENOYBREVE. Malbadas

Entrar en el blog MALBADAS es como ir a un supermercado con todo de cosas ricas y, por eso, lo avisamos desde ya... primer mandamiento: nunca navegarás por esta web con hambre. Desde una fiesta temática y sobre todo gastronómica en honor a Tarantino hasta la Carne Carnaval Party (absténganse vegetarianos). Y luego lubinas al horno que se derriten a través de la pantalla, wasabi, hamburguesas de mil tipos y lunch deliciosos. Este escaparate muy apto para comidistas y adoradores del diseño -sí, todo junto- es la casa virtual de Alba Giné, lleidatana recién licenciada en Diseño Gráfico en EINA (Escola de Disseny i Art de Barcelona). Con 24 años, Alba ha creado esta plataforma online que, además de ponernos los dientes largos, se aleja de los típicos blogs de comida que pueblan la red en estos días y que bla, bla, bla... siempre explican lo mismo. MALBADAS es diferente. “Es la mezcla de dos de mis grandes pasiones: el diseño, el interiorismo, y el gusto por la cocina que desde pequeña me han inculcado mi padres”, nos cuenta como quien cuenta un cuento, en un bar entrañable del centro de Barcelona con voz parsimoniosa y un muy marcado acento catalán. Malbadas enseña recetas, pero sobre todo se dedica a la organización de eventos como cumpleaños o cenas de amigos. Asumámoslo: a todo el mundo le gusta que todo esté listo, pero a nadie le gusta hacerlo. A todo el mundo le gustan las fiestas originales, pero pocos son los creativos. A todo el mundo le gusta comer (bien), pero no todos se ponen manos a la obra en la cocina. Ella piensa por todos. Prepara el evento, la estética, la temática, los adornos, incluso las tarjetitas molonas que indican el Menú de lo que estás comiendo. También, por supuesto, de cocinar. Y listo. Otra “malbada” hecha aunque de “mala” no tenga nada...

Qué tiene que ver diseño con cocina. Para Alba, mucho. Sólo hay que rastrear su perfil en Tumblr o Wordpress para advertir el exquisito sentido estético que tiene esta chica. A tener en cuenta su background, sí. MALBADAS es un subproducto derivado del proyecto de final de grado que presentó a sus profesores de la facultad de Diseño. “Ellos marcaban un tema: la energía. Y yo hice un hotel sostenible. A partir de aquí, re-utilicé la misma gráfica de este proyecto para hacer el blog”. Pragmatismo ante todo. Y ya con diseño chulo, un nombre divertido: “Al principio éramos dos chicas y las dos nos llamábamos Alba, por eso lo de Malbadas, queríamos que tuviera ese toque fresco entre pícaro y juvenil que nos distinga de la competencia...”

Una “cocinitas” desde niña. La misma Alba que hoy no para de mirar el iPhone para atender llamadas y clientes es aquella que cuando era pequeña dejó impresionados a sus compañeros de clase porque dijo  que “lo mejor de sus vacaciones de verano había sido ir a ElBulli”. Y todos sabemos bien que con diez años la mayoría de los niños no saben qué es ElBulli, no distinguen entre comer un buen o un mal pescado y los veranos, a esa edad, no van más allá de bicis y granizados por la playa. “Pero yo desde pequeña siempre he tenido ese gusto por la cocina, esas ganas de probar cosas, de gastarme dinero e ir a un buen restaurante y no gastarlo en otra cosa, por ejemplo”, nos dice.

Perder la verguenza. No crean que animarse en montar una empresa propia es nada fácil. En realidad se necesitan ganas y confianza en uno mismo. “Yo empecé trabajando de camarera, haciendo cocktails y mira que yo siempre he sido muy introvertida... ¡pero eso me sirvió para perder la vergüenza!”. Y así, de una cosa a la otra, de muchas felicitaciones y de muchos “qué bien se te da esto” se animó con el blog.

Crear un blog. Las cosas claras y el chocolate espeso. Abrir un blog no tiene complicación: hay mil portales en la red con plantillas gratuitas. Pero abrir un blog bonito con cierto cuidado estético y tan atractivo como el de Alba (miren si no el pedazo roscón gigante rodeado de chicas que te da la bienvenida) tiene su QUÉ. Un gran qué. “La formación que te da la facultad en ese ámbito es muy mínima, yo tenía un poco de nociones en programación, pero muy muy básicas”. Un poco de HTML, un poco de código CSS, pero nada más, así que le ha tocado ir aprendiendo a base de mucha desesperación y muchos tutoriales (sí, amigos, Youtube... esa gran Universidad). Ahora bien: una vez tienes el blog ya creado, la tortura se simplifica: “Sólo hay que actualizar y punto”.

Actualizar y punto. Bueno, eso de actualizar y punto es relativo. No es capaz, ni siquiera, de cuantificar en horas la cantidad de tiempo que invierte en el blog, en cada post, en cada línea, en cada foto. Se queda un rato pensando y se echa a reír. “Muchísimas, de verdad muchísimas”. Ella intenta que cada foto cumpla con ciertos requisitos de calidad, de textura, que no desentone con la anterior. Y eso, obviamente, lleva trabajo. Mucho. “Me gusta que el texto encaje con las imágenes y además a mi siempre me ha dado como más respeto lanzarme a escribir, así que los textos me los reviso muchísimo antes de publicarlos. Quizás hay un día que estoy más inspirada y lo hago muy rápido. Y muchos otros que no hay manera”.

¿Malbadas es un negocio?. Aha. Pregunta del millón. “Estoy en ello”, nos lo explica entre risas. Porque todo el mundo sabe que sacar dinero de un blog es algo muy complicado (¿No?, ¿no?, ¿no?). En cualquier caso, a ella le va relativamente bien. “Digamos que soy freelance: vivo un poco al día, hay meses en los que puedo tener más encargos o más proyectos y otros en los que no tengo nada, por eso trato de ahorrar cuando puedo... y cuando no tengo trabajo intento escabullirme y viajo”.

Un lugar para la esperanza: Internet
. Alba lo reconoce clara y dolorosamente: “muchos de mis amigos que acabaron diseño gráfico no tienen trabajo”. Hasta ahí bien. Bueno, mal. Pero atención y sonrían. “La posibilidad de encontrar clientes por Internet existe”. Lo confirma en rotundo. Quizás no es el momento de las empresas, pero sí de los autónomos. “Al margen de Malbadas, también soy freelance como diseñadora gráfica y estoy contenta, hago lo que me gusta y tengo una libertad que para mi es un lujo. Puedo trabajar desde Lleida, mi casa, y cuando no tengo ningún proyecto me voy a algún otro país de visita”. Ya avanza que le está dando al coco con otro proyecto, una nueva idea que le está rondando. Claro está que con Malbadas no se va a hacer rica, “pero así me doy a conocer entre potenciales clientes”. Anoten concepto, señores: auto-lanzaderas. Ser lanzaderas de nosotros mismos.

Consejo (sobre)saliente: “No hay que tener miedo, ya que realmente lo que los demás puedan pensar de ti no importa. Tú estás aquí abriendo una página como otras tantas mil que hay en Internet. A partir de ahí, todo lo demás depende de uno mismo”.


Música: We Were Evergreen. Summer flings.
Gracias a Laura González por grabar el vídeo de las cocinitas.
  Localización: Bar Cosmos, Barcelona.
Agradecimientos: Enric Rodon, por su agenda de contactos

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